SESIÓN I. LA HERENCIA SOVIÉTICA Y LA HERENCIA EXPERIMENTAL
Presentación y programa: Emilio Bernini y Delfina Gil Soria
Miércoles 8 de septiembre. 20.00 (Presentación)
Jueves 9 de septiembre. 15.00
El astillero (Shipyard, Paul Rotha, 1935, 24’)
La secuencia del lanzamiento del barco al agua, luego de todo el trabajo inmenso de su construcción, puede verse como un análogo de la secuencia de las escalinatas de Odessa en El acorazado Potemkin, luego de la gestación de la rebelión. Todo el film en gran medida es una suerte de análogo socialdemócrata de la estética constructivista del cine soviético, pero los trabajadores aquí ya no se rebelan contra ninguna opresión; trabajan aliados con los patrones de la burguesía inglesa, pero están representados como un héroe colectivo (à la soviética) que contribuye a sostener la industria inglesa, antes que a forjar la sociedad comunista.
A la deriva (Drifters, John Grierson, 1929, 50’)
A pesar de sus críticas a las vanguardias, no puede negarse que en los planos de la máquina de vapor que impulsa al barco, Grierson no deja de filmar lo aprendido en el cine soviético, por la alianza productiva de los hombres y la máquina. La belleza impresionista del mar (con sus movimientos sin móvil, con las sobreimpresiones y los fundidos) es otra de las herencias de los modernismos de los años veinte que la escuela inglesa refunde con otra idea de progreso y de sociedad.
La danza del arcoiris (Rainbow Dance, Len Lye, 1934, 4’) La convergencia del cine experimental y la propaganda de Estado no es una excepción en la historia del cine. En el caso del cineasta neozelandés Len Lye, que procede de la pintura abstracta, su trabajo dentro marco institucional del Correo Postal inglés, no le impidió una autonomía de experimentación con la imagen y, en particular, con el color. Contra la estética realista impuesta al documental de la misma escuela, Lye quiso hacer un “film-ballet”, donde el baile no es el del viajero únicamente sino el que compone el movimiento mismo del film. Lye trabajó con capas fotográficas coloreadas, y utilizó a su actor recortando su silueta y convirtiéndolo un personaje de cartoon.
Trade Tatoo (Len Lye, 1937, 5’)
En el mismo sentido del uso de la imagen cinematográfica analógica como material para la experimentación con las capas de color, Len Lye utiliza fotogramas de una película célebre de la escuela, Correo nocturno (Harry Watt y Basil Wright), para un trabajo que abstrae sus referentes para convertirlos en fragmentos multicolores.
El amor en un ala (Love on the Wing, Norman McLaren, 1938, 4’)
El cineasta escocés Norman McLaren, antes de su radicación en Estados Unidos y Canadá, en su primer corto. El crítico Jez Stewart ha señalado que se trata de dibujos en un fluir de la conciencia. McLaren no creía que la animación fuera el arte de dibujar en movimiento sino el de dibujar los movimientos.
The H.P.O (Lotte Reiniger, 1938, 4’). Las iniciales HPO abrevian Heavenly Post Office, algo así como “correo celestial”. Se trata de un pequeña fábula de la cineasta alemana Lotte Reiniger, convocada en 1937 por Alberto Cavalcanti para formar parte del grupo de cineastas de la escuela.
Una caja de colores (A Colour Box, Len Lye, 1935, 4’) Lye no utilizó una cámara para filmar A Colour Box. Trabajó directamente pintando y rayando el celuloide. Concibió estas imágenes como “una danza vicaria para la música”.
La dote (The Tocher, Lotte Reiniger, 1938, 5’) Otra fábula de la cineasta berlinesa adaptada a la propaganda estatal. Para ella misma es un “ballet romántico” estilísticamente complejo pero con un relato simple. Las siluetas de Reiniger tienen la forma y el movimiento de las marionetas, a diferencia de las de Len Lye que están tomadas de las imágenes cinematográficas de personas empíricas.
Un telegrama de seis centavos (Sixpenny Telegram, Donald Taylor, 1935, 6’)
La herencia experimental aquí está subordinada –a diferencia de lo que ocurre en los cortos de Len Lye, Norman McLaren y Lotte Reiniger– al mensaje de propaganda estatal. Donald Taylor se formó con John Grierson en el cine documental y lo concebía como un arte popular.
Norte o noroeste (N or NW, Len Lye, 1937, 7’)
Uno de los pocos films en que Len Lye domestica la experimentación al relato de dos jóvenes enamorados cuyas cartas por error pueden poner en riesgo su vínculo. Hay aquí imágenes analógicas de los jóvenes, reconocibles en sus rostros, pero en primeros planos extremos, en ángulos insólitos, en cambios súbitos de foco.
SESIÓN II: LA CONSTRUCCIÓN DE LA FIGURA DEL OBRERO DESDE EL PUNTO DE VISTA HUMANISTA
Presentación y programa: Silvia Schwarzböck
Miércoles 15 de septiembre 20.00 (presentación)
Jueves 16 de septiembre 15.00
El humanismo nunca fue una corriente filosófica propiamente dicha, pero en la primera mitad del siglo XX, sobre todo bajo el capitalismo de Estado, funcionó como un conjunto de supuestos que estuvo a la base de corrientes políticas e intelectuales de diverso origen (incluso de aquellas que criticaban y/o pretendían la superación o la reforma del capitalismo). El marxismo, el liberalismo, el existencialismo, el peronismo y la Doctrina Social de la Iglesia podían por igual declararse “humanistas”, a pesar de las diferencias sustanciales que tenían entre sí en el modo de concebir la sociedad, sus relaciones de propiedad, y el Estado como su garante. En los documentales seleccionados para la Sección II de este ciclo se puede ver de qué modo la Escuela Inglesa contribuye al Estado inglés en la construcción de la figura del obrero desde un punto de vista humanista al que pueden aplicársele, sin remordimientos, prácticamente todas las críticas que Eisenstein le hacía al humanismo liberal-burgués de Griffith.
Inglaterra industrial (Industrial Britain, Robert Flaherty, 1931, 20')
El trabajo humano sigue siendo importante en esta época de máquinas. El documental comienza con la dureza del trabajo en las minas de carbón para terminar con la tradición de la artesanía inglesa, todavía vigente en la industria de la cerámica y del vidrio. “Si a estos trabajadores –que se aclara que trabajan desde los doce años y a quienes se los ve como hombres maduros- les ponen trajes italianos parecerían maestros artesanos del siglo XVI”. El primer plano y la mención del nombre y apellido de los obreros se utiliza como una forma de distinción para el Estado nacional. El individualismo burgués se le aplica también a la clase obrera. La conclusión del film es que “la industria también requiere del sello personal que sólo un individuo puede darle”. El pretendido contraste entre la visión del individuo en una democracia (como se llama a sí misma Inglaterra) y en las dictaduras (Italia y Alemania, que son los países de los que se muestran imágenes en otros cortos) se hace evidente sobre todo en el final.
Trabajadores y trabajos (Workers and Jobs, Arthur Elton, 1935, 11’).
La capacitación y la experiencia se presentan (y se exaltan) como la condición necesaria para conseguir trabajo. Pero el documental gira rápidamente hacia la apología del Estado benefactor, que se pone en funcionamiento para organizar las bolsas de trabajo. Chicos en la escuela (Children at School, Basil Wright, 1937, 23’) Inglaterra es como Atenas: una democracia, comienza diciendo el narrador de este documental. A diferencia de la Alemania nazi y de la Italia fascista –continúa-, Inglaterra educa individuos. Si bien se explica cómo funciona el sistema escolar en todos sus niveles, la extensión dedicada al Jardín de Infantes es la declaración de principios de lo que el Estado inglés piensa de la educación pública: la inmensa mayoría de las niñas van a ser amas de casa y la inmensa mayoría de los varones, obreros. El documental, una vez mostrada la forma virtuosa de la escuela pública, invita al Estado a una autocrítica (que Éste debería hacerse en nombre de la democracia): muchos de los establecimientos escolares están superpoblados y las condiciones de higiene son calamitosas. Los maestros, a su vez, no pueden atender a tantos alumnos por clase. La advertencia final es que “los dictadores saben que los niños son fundamentales”.
Así vivimos (Today we live, Ruby Grierson, Ralph Bond, 1937, 23’).
La vieja vida comunitaria tenía como centro la Iglesia. La actual (hacia 1940) carece de él. Después de la Primera Guerra, nueve de cada diez varones no tiene trabajo. Y los trabajadores no sólo se descapacitan cuando dejan de trabajar (un tema que está presente en muchos de estos documentales), sino que se envilecen y se vuelven resentidos (y ese estado espiritual puede llevarlos a adherir al fascismo o al comunismo). El Estado, entonces, provee subsidios para construir centros comunitarios y centros de capacitación. El documental muestra magistralmente la articulación entre unos y otros, como lo haría un manual de sociología de la época. Este trabajo de Bond y Grierson constituye casi una épica fílmica del capitalismo de Estado.
PROGRAMACIÓN
SESIÓN III Presentación y programa: Gustavo Costantini
Miércoles 22 de septiembre. 20.00 (presentación) Jueves 16 de septiembre 15.00
SESIÓN IV Presentación y programa: Yamila Volnovich
Miércoles 29 de septiembre 20.00 (presentación)
Jueves 30 de septiembre. 15.00